Conozco a gente que vota a Vox.

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Y son muchos. La verdad es que son más de las que creíamos hace varias semanas que lo harían: votar a un partido de extrema derecha.

Tengo un amigo, de los más cercanos, que vota al partido de Santiago Abascal. Y no es un loco fascista: es un tío común. Una persona que en pasadas elecciones votó Partido Popular y al Partido Socialista. Una de tantas que vota por la Unidad de España. Y poco más.

TENER EN CUENTA OTRAS COSAS.

Y llama poderosamente la atención que tiene dos hijas. Y esposa. Y tendrían ustedes que ver como las cuida, mima, quiere y respeta.

Pero no tiene en cuenta que el partido al que vota niega sistemáticamente que existe una violencia de género; un terrorismo machista mayor que el de ETA en sus días. Y no tiene en cuenta que se pone de perfil, cuando no se pone de cara (al sol, por supuesto) respecto al franquismo y la dictadura. Y no tiene en cuenta que a España no vienen MENAs; vienen menores de edad huyendo de sus países en guerra, unas guerras creadas normalmente por países capitalistas y poderosos o por tiranos dictadores. Como tampoco tiene en cuenta que el respeto a la mujer debe comenzar en la educación o que la riqueza cultural de España debiera ser motivo de orgullo: un país que puede presumir de tener el castellano, el galego, el euskera, el catalán, el valenciano, el bable, … entre sus lenguas o dialectos debiera ser admirado y no censurado.

LE SEGUIRÉ SALUDANDO.

Y le seguiré saludando. Y apreciando. Y por supuesto que hablaremos de política de vez en cuando. Porque es mi amigo y quiero hacerle entender que lo que está votando no es bueno ni para él, ni para su familia, ni para nuestro país. Y discutiré con él pero intentaré seducirle para que cambie el sentido de su voto en venideras elecciones.

¿Saben? Hace una semana fuimos a comer la familia a un bar conocido de Alicante. En casa sabíamos que los dueños eran de derechas y poco nos importó pues el trato siempre fue excepcional y los precios, como la calidad de sus productos, insuperables. Pero en esta ocasión nos llamó algo la atención: tanto el camarero que nos atendió (nuevo en el bar) como el dueño llevaban una pulsera de Vox. Comimos igual de bien que siempre, el trato fue correcto, pero hemos decidido no volver al lugar. ¿Y saben por qué? Porque en casa tenemos la costumbre de gastarnos el dinero donde nos sale de los bolsillos. Y jamás daré de comer a quien fomenta el odio cuando hay muchos lugares donde poder almorzar o tomar el vermút dominical. Eso sí, seguiré saludando por la calle a estos chicos…

IGLESIAS Y ESPINOSA DE LOS MONTEROS.

No hay debate, bajo mi punto de vista, sobre la charla (con risas incluídas) entre Pablo Iglesias y Espinosa de los Monteros. Ambos son políticos electos, nos guste más o menos, y se deben una cortesía parlamentaria. No se puede ir con cara de perro todo el día. Y ya se contó en su día que el propio Iglesias se encontró en el ascensor del Congreso con Abascal y se saludaron con total cordialidad.

Otra cosa diferente sería que Pablo Iglesias dejara parte de su sueldo en lugares donde no se condena el fascismo, donde se saluda a Le Pen, donde se niega la violencia contra las mujeres, donde se niega el derecho a decidir de los pueblos.

Pero nada de eso parece haber hecho el líder de Podemos. Así que si usted es más purista que el Papa, más listo que el número uno podemita, y más radical que el propio Abascal pero en el extremo contrario, móntese un partido y será uno nuevo e insignificante…como tantos hay en la izquierda española.

A mí tampoco me gustaron las risitas que ví pero quiero un gobierno de izquierdas. Y para ello es necesario unidad y muchos “Iglesias“. Mientras eso ocurre, o no, ustedes jueguen a seguir diviendo: así se perdió la guerra civil.

Foto: 20minutos.es

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