Francisco Jesús García García

Ahora que Pedro Sánchez ha caído del burro tomando conciencia de que la restauración del turnismo político a dos bandas no es viable, al menos a medio plazo, volvemos al punto de partida, diciembre de 2015, con una legislatura íntegramente perdida, aunque no con los mismos protagonistas: Ciudadanos, como fuerza instrumental que era, ha dejado de ser útil a sus padrinos políticos y entra en agonía, trasvasando sus votos a VOX, que desde luego no aspira a ocupar un espacio político de centro.

A grandes trazos, el preacuerdo de coalición firmado el día 11 de noviembre entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, es el que el candidato debió haber explorado, pero no hizo, hace cuatro años, aunque luego lo aceptara tácitamente en la moción de censura que le elevó a la Presidencia y en el frustrado acuerdo presupuestario que no consiguió el apoyo de Esquerra Republicana y precipitó el adelanto de las elecciones generales.

Ahora mismo, sin el apoyo nacionalista (PNV, BNG, ERC y/o BILDU) por activa () o por pasiva (ABSTENCIÓN), la investidura de Sánchez sobre la base del preacuerdo no saldrá adelante. Y sin más consideraciones, está condenada al fracaso desde ya si ERC (que tiene a sus dirigentes en la cárcel o en el exilio) vota en contra y Ciudadanos se mantiene en su NO inicial. Y si acaba absteniéndose, tal terremoto político acabaría produciendo imprevisibles réplicas en ayuntamientos y autonomías.

El PSOE en su laberinto

Si las viejas glorias (¿o deberíamos decir momias?) y los barones socialistas están que trinan, y no lo ocultan, en contra del preacuerdo firmado con Unidas Podemos, no es difícil imaginar qué ocurrirá cuando Pedro tenga que firmar garantías, visualizar aproximación o desparramar gestos amables a ERC. ¿Acabará Pedro confesando también que en la intimidad habla catalán?. Y eso sin seguridad alguna de seducir a Rufián, que ya tumbó de facto a Pedro una vez al votar que NO a los presupuestos. Si ya lo hizo una vez, ¿por qué no otra?. Y con más motivo después de la pérdida de votos que ha sufrido en las generales en beneficio de Torra, quien, en tal caso, podría optar por un adelanto electoral en Catalunya.

Los movimientos tácticos de estos días en el seno del Partido Socialista se parecen tanto a los previos a los acontecimientos que derivaron en la dimisión (destitución en realidad) de Pedro Sánchez de la Secretaría General del PSOE el 1 de octubre de 2016, que es imposible no acordarse de la célebre cita deCarlos Marx, “la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa“. Si Pedro ya fue defenestrado una vez, ¿por qué no otra?. Atención a los próximos días porque las tesis favorables a una gran coalición avanzan en todos los frentes.

La Reconquista de Calaluña

El fracaso político en Catalunya de las fuerzas centralistas (en el 10N, catalanistas, 23 diputados, españolistas, 18, Els Comuns, 7) y el fracaso judicial del Tribunal Supremo, cuya estrategia recibe varapalo tras varapalo en Europa, está disparando entre las fuerzas reaccionarias la ensoñación de que la reconquista de “Cataluña” por la fuerza es posible. Los datos abundan:

El coronel Javier Blascoescribía en octubre de 2018 que “las FAS deberán […] defender, con todo su empeño y saber hacer, la integridad territorial de España…”. Un año después, el general jefe de la VII Zona de la Guardia Civil en Cataluña, Pedro Garrido, en su discurso de celebración del “Día Nacional de España” se mostró dispuesto a enfrentarse a quienes pretenden “atentar contra la integridad territorial de España”, lo que provocó la petición de su cese por parte de la Generalitat. El ministro Marlaska tuvo que desmentir el 18 de octubre el despliegue de la Guardia Civil (un cuerpo militar, no se olvide) en Barcelona, cuando las tropas ya estaban acuarteladas y subidas en furgonetas. Y todo ello acompañado en cualquier acto o festejo en todas las provincias y zonas militares de discursos y arengas, cuando menos, de improcedente intromisión en la política de profesionales de las armas. Sin ir más lejos en La Mata, con motivo de los actos de la Hermandad de San Cristóbal o en Alicante con las declaraciones del verbalmente incontinente Comisario Cid.

Nada que celebrar, todavía

Lo que está en juego con el preacuerdo de coalición Partido Socialista – Unidas Podemos (que desde todos los medios, no inocentemente, reducen a un acuerdo entre Pedro y Pablo) va mucho más allá de una investidura presidencial.

De lo que se trata es de abrir la posibilidad a desarrollar a fondo un Estado auténticamente democrático, que responda a las demandas de la sociedad -derechos sociales, políticos y de participación, libertades básicas y derechos humanos- o bien de ceder al ruido de sables de los barones civiles o militares que abogan por un Estado autoritario en el que la política democrática sea subsidiaria.

Es probable que el Partido Socialista acabe desbordando a su Secretario General para abrazar una gran coalición con el Partido Popular. Es su elección, pero, antes de optar por esa vía debería pasar por el rincón de pensar a recordar qué destino tuvieron los Partidos Socialistas en Grecia, Francia o Italia.

Entre las bases, tanto del PSOE como de UP, se ha desatado un clima de optimismo y se ha celebrado con entusiasmo la firma del preacuerdo. Lamentablemente de forma prematura, como se ha descrito.

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