ALICANTE, SOL Y PLAYA SÍ, PERO… ¿Y NO HAY ALGO MÁS?

MIGUEL GONZALVEZ.

Lo verdaderamente importante para mí es tener la suerte de vivir en esta tierra y poder quedarme unos instantes mirando al mar.

Soy nacido en el humilde seno de una familia alicantina que residía en la partida rural de Bacarot, tuve la suerte de tener una infancia muy feliz, repleta de muchas emociones y no exenta de muchas aventuras.

Vivía en la finca denominada “La Botiguera”.

¡Qué buenos tiempos! Aquellos de mediados de los sesenta, para la huerta alicantina.

Allí había una Almazara, por lo que tuve la suerte de conocer y ver de cerca todo el proceso de elaboración del aceite, desde las plantaciones de los olivares, la recolección de la oliva y por fin la obtención del oro liquido.

Allí había un Molino partidor de almendras, por lo que tuve la suerte de conocer y ver de cerca todo el proceso de elaboración de la almendra, desde la plantación de los almendros, la recolección del producto, pelado, secado y descascarillado de la almendra.

Allí había una Bodega de vinos, por lo que tuve la suerte de conocer y ver de cerca todo el proceso de elaboración del hijo de Baco, desde la plantación de las cepas, la recolección de la uva, el proceso de pisado y prensado, su colocación en toneles y barricas, su fermentación y su venta final por graduación y añadas.

Aunque lo verdaderamente importante para mí es tener la suerte de vivir en esta tierra y poder quedarme unos instantes mirando al mar.

Finca de la Botiguera en la actualidad.

Ni que decir tiene que los tres procesos que les he contado conllevaban una grandísima labor de mano de obra y gran cantidad de gentes, que de todas partes venían a la antigua botica de ropa que allí existía en el siglo XIX y que dio nombre a la finca. Mujeres, hombres y jóvenes, venidos sobre todo de Andalucía, de La Mancha o de Extremadura y que se arraigaban a nuestra tierra para defender su trabajo y su propia identidad.

El campo alicantino vivía un gran esplendor, porque este mismo ejemplo se repetía en muchas fincas de la comarca alicantina y la riqueza y cultura que nos proporcionaban sus gentes eran un gran patrimonio para nuestra tierra.

Ya lo reconocían, desde tiempos muy pasados, los Íberos, al llamar a Bacarot, Bagar.Ok “El granero de la ciudad

Pero no solo la huerta aportaba riqueza y bienestar a Bacarot, existía en aquellos años una fábrica de suelas de caucho para zapatos y otros componentes del calzado, la fábrica de D. Francisco Castaño, que seguía la tradición familiar heredada de su padre.

Era un lugar que daba trabajo y ocupaba a muchos jóvenes y familias completas de toda la zona, es más, no solo en la fábrica había trabajo, pues se hacían llegar trabajos manuales a los hogares, que permitían a muchas familias logran un sustento como complemento, estaba naciendo poco a poco la hoy llamada cruel y malvada “Economía sumergida”.

Mis padres que querían un mundo mejor para mí y que pudiera llegar a ser un hombre de provecho, lejos del trabajo rural y lejos del trabajo en una fábrica con componentes químicos, me enviaron a estudiar el bachillerato al Instituto Jorge Juan de Alicante, para así poder formarme y algún día poder crecer y conocer un mundo mejor.

Aunque lo verdaderamente importante para mí es tener la suerte de vivir en esta tierra y poder quedarme unos instantes mirando al mar.

Fábrica de KAS en los años 70.

Recuerdo con mucha nostalgia aquellos fríos días de invierno que había que madrugar para coger el autobús y poder llegar al instituto.

Aquellas mañanas de cualquier día normal para muchas gentes, podía observar durante el trayecto hacía la ciudad, a los empleados de la Bodega Logar, que embotellaban y comercializaban el vino del mismo nombre. Estaban situados cerca de la carretera de Madrid, junto a las gasolineras de la familia Gregory.

También se podía observar el gran trasiego de vehículos y operarios de las fabricas de; KAS, Coca Cola, La Casera, Cervezas el Águila, Cafés Jurado, El Monaguillo, Chocolates Samalli, todas ellas situadas en la misma carretera de Ocaña.

Los empleados de la Fábrica de Vigas de hormigón de Alcañiz, en el Llano del Espartal, ó, al llegar a la Florida, ver a los empleados de la Fábrica de gaseosas La Revoltosa, las chicas de la Fábrica de Chanclas y Globos que había detrás del almacén de colchones Flex, ó las chicas que se incorporaban a la Fábrica de Cintas, situada a la altura del bar La Bodegueta, en la Avenida de Orihuela.

¡Que trasiego de gentes! Todos en busca de su lugar de trabajo habitual daban una vida especial a la ciudad y una gran energía a las mañanas alicantinas.

Aunque lo verdaderamente importante para mí es tener la suerte de vivir en esta tierra y poder quedarme unos instantes mirando al mar.

Alicante no era una ciudad guapa, guapa, guapa, era más bien bastante feílla, tenía todas sus entradas de la ciudad plagada de empresas y de industrias, que creaban mucho trabajo y muchos problemas de ruidos y contaminación.

Les he contado los recuerdos de mi infancia al entrar a la ciudad por la carretera de Madrid, pero si venias de Elche y entrabas a la ciudad por la que llamábamos “La carretera de baix” por ahí el movimiento industrial ya era… ¡Espectacular!.

Te encontrabas con empresas como; Danone, Campsa, el Matadero Municipal, Manifacturas Metálicas Mediterráneas, que no sé muy bien lo que allí hacían miles de empleados, aunque hace poco tiempo me dijeron que, entre otros muchos servicios, hacían unidades para el tren Talgo y raíles de vía para toda España.

También te podías encontrar los miles de empleados que se incorporaban a ENDASA, la Empresa nacional del Aluminio y también… ¡El terror de todos los tiempos!, La CROS, donde centenares de empleados en distintos turnos contaminaban el ambiente, fabricando fertilizantes para nuestra gran huerta, para gran parte del resto de España y para la exportación.

Era de destacar en esa época el gran movimiento industrial que tenía nuestro Puerto, también el gran movimiento de nuestros trenes, con sus dos estaciones al máximo rendimiento, tanto comercial como de pasajeros.

La verdad les digo que Alicante era una ciudad horrible, con mucho trajín, llena de tráfico pesado y grandes desplazamientos de sus visitantes anónimos o simplemente viajantes de paso hacía otro lugar.

Aunque lo verdaderamente importante para mí es tener la suerte de vivir en esta tierra y poder quedarme unos instantes mirando al mar.

¡Hoy por fin! 50 años después de lo que les he contado ya podemos disfrutar y podemos ser muy felices, por vivir en una ciudad tan guapa, que es la envidia de todos los que nos suelen visitar, por nuestro sol y nuestras playas.

Aunque quizás, yo particularmente me encuentre un poco desilusionado, porque después de tantos años, de tantos esfuerzos y de tantos sacrificios realizados por nuestros antepasados, esperaba algo más.

Sobre todo, para poder dejar a nuestros hijos algo de esperanza, unos cuantos menos bares y algún sueño hecho realidad.

No les podemos dejar, solamente, la suerte de vivir en esta tierra y así poder quedarse toda su vida mirando al mar.

2 pensamientos sobre “ALICANTE, SOL Y PLAYA SÍ, PERO… ¿Y NO HAY ALGO MÁS?

  1. Nunca había leído nada escrito por ti. Hoy me has emocionado.
    Yo nací justo enfrente de la fábrica de cintas, junto a la iglesia y esa entrada por la carretera de Madrid la conozco como mi calle. Allí me crié.
    También recuerdo empresas como Peral y Gomis, Menatesa, la fábrica de sacos, donde trabajó de joven mi Madre.
    Cuantos recuerdos.
    Gracias Miguel por mantenerlos vivos.
    Un abrazo

  2. Recordar todas aquellas empresas que forman parte de mi juventud en el barrio de la Florida desde mi suegra’ trabajando en la fábrica de sacos y sus amigas trabajadoras de la fábrica de cintas y muchos de mis vecinos trabajando en las empresas que comentas pasando por la bodegueta’ el deportivo y la panadería Francisco Alegre más conocida por la panadería de la señora Boni me trae a la memoria aquel olor a las cocas de mollitas

    Gracias .

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