EL MUNDO SE VA A ACABAR. Según mis propios cálculos, hacia finales del siglo XXII o principios del XXIII la temperatura de este planeta ya será incompatible con la vida. Algunos científicos que han estudiado mucho más que yo, auguran que todavía antes.

Lo he puesto con mayúsculas, ya que me da la sensación de que los españoles aún no nos hemos dado cuenta de esto. Al menos, eso deduzco según lo que votamos. Porque resulta que en España no tenemos ningún partido independiente verde en el Congreso. Y eso que cada vez tenemos más partidos. Pero yo me pregunto… ¿y para qué?

¿De veras necesitamos más opciones de izquierdas o de derechas? ¿No tenemos ya suficientes? Pues resulta que aquí escribe uno que sigue sintiéndose huérfano de voto. Porque este uno no compra la disparatada idea de que “los hunos” son siempre mejores que “los hotros”. Aquí escribe alguien que no se siente representado en ninguno de estos dos bandos que llevan siglos haciéndose todas las perrerías inimaginables por perpetuarse en el poder y por auto-otorgarse una superioridad moral que en ambos casos hace ya décadas que perdieron para siempre.

Mi única ideología es: la democracia y el medioambiente. ¿Es que acaso alguien cree todavía que el mayor problema que tenemos en España y en el mundo no es el cambio climático? ¿De verdad pensáis que a los ciudadanos del futuro les importará un bledo si en 2019 votamos a un partido solo porque decía ser “de izquierdas” o “de derechas”?

Es desesperante sentirse carente en cada legislatura de un Partido Verde Español similar al alemán o a los escandinavos. Un partido que sea capaz de pactar gobiernos con ambos lados del Congreso. Cuyo único objetivo no sea otro que gestionar el área de Medio Ambiente en cada administración estatal, regional y local. Que no se presente con la absurda idea de que solo hay un bando bueno. Que no pida el voto solo para detener al malvado enemigo. Que no sienta como una amenaza a aquel que piensa diferente.

Hace años que sueño con una formación ecologista que otorgue libertad a sus diputados y concejales en temas ajenos al ecologismo. La disciplina de voto es una de las prácticas más antidemocráticas que tiene la política española, y sin embargo aquí la hemos interiorizado como algo normal. Un auténtico Partido Verde debería evitar perderse en temas polémicos y divisorios que nada le atañen, dejando que sus militantes decidan en conciencia. Solo así podrá realmente atraer a progres y conservadores a la vez. Porque ahí va un dato: EL PORCENTAJE DE ESPAÑOLES QUE EN EL FUTURO NECESITAREMOS QUE SIGA HABIENDO OXÍGENO PARA RESPIRAR ES DEL 100 %.

Sin embargo, las pocas opciones que tenemos en España de votar verde son harto decepcionantes. Por un lado está Equo, un partido que lejos de presentarse de manera independiente se dejó absorber por partidos tan ideológicamente atrincherados como Podemos, Compromís o ahora Más País. Formaciones que además desprecian continuamente a Equo usándolo para llamarse a sí mismos “ecologistas” pero luego no dándole apenas ningún puesto de salida en sus listas electorales.

Luego tenemos al PACMA, un partido que sí es un ejemplo de independencia. Ahora bien, llamarles “ecologistas” es casi fusilar el término. Resulta que el punto 1 de su programa no es el reducir los combustibles fósiles, impulsar más legislación para frenar la contaminación de las grandes industrias del país, modernizar el reciclaje… En su ecologismo de pacotilla la mayor urgencia medioambiental es cagarse los toros, precisamente una de las pocas especies ibéricas vulnerables que actualmente no están en peligro de extinción.

Y fuera de EQUO y PACMA, tenemos un batiburrillo de pequeños partidos verdes a los que votar es un auténtico acto de fe, pues no tienen apenas presupuesto ni repercusión mediática como para poder ni soñar con entrar en el Congreso.

La vergüenza que siento por la política española llega hasta el punto de que el único partido español que ahora mismo nos representa en el Grupo Verde Europeo del Parlamento de Estrasburgo sea Esquerra Republicana. Una formación que se define por su total desprecio al Estado de Derecho, y con unos líderes tan brutalmente xenófobos que tienen como principal objetivo poner nuevas fronteras en el mundo para separar a personas según unas diferencias genéticas que solo ellos distinguen.

Quiero acabar con algo de optimismo. No creo que seamos aún un país perdido. Cada vez me encuentro a más personas acudiendo a las concentraciones ecologistas de Alicante. Mis ojos se emocionaron el pasado 27 de septiembre en la Montañeta con la Huelga General por el Clima. Espero algún día lleguemos a las multitudes que salen a la calle por otras causas (tal vez igual de justas, pero a buen seguro menos apocalípticas).

Emocionante fue también ver a Greta Thunberg cantarles las cuarenta a los líderes mundiales en la reciente Cumbre del Clima celebrada en la ONU. Que una niña de 16 años haya conseguido en una sola semana ser despreciada públicamente por dos presidentes tan ecológicamente irresponsables como Donald Trump y Vladimir Putin es francamente hermoso.

Desgraciadamente a día de hoy todo lo escrito ahí arriba sigue sonando a ciencia-ficción. Pero quien sabe, quizás no estemos tan lejos de la implosión del Partido Verde Español. Tal vez dentro de una década este artículo sea rescatado por alguien del pozo de internet y se quede exhausto al ver como todas mis súplicas se han ido cumpliendo una a una.

La clave es muy sencilla: No votar para detener a nadie, ni porque creamos que “los buenos” son alguien. Entiendo que para nuestros mediocres políticos es muy fácil y cómodo hacer una campaña así, pero también es profundamente irresponsable y nos lleva a situaciones tan ridículas como la del actual bloqueo político. Solo pido que convirtamos el problema más grave que ahora mismo tenemos en el mundo en nuestra principal razón de voto. Suena tan obvio… ¿verdad?

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