El cambio climático es una evidencia. Ya no es una cuestión de fe, ni de creencias, ni va de sueños apocalípticos de un grupo de fundamentalistas verdes anticapitalistas. El informe de la cumbre de la ONU sobre la Acción Climática de finales de septiembre nos cuenta con datos científicos que el cambio climático es una evidencia, sube la temperatura de los mares, de la faz de la tierra y de nuestras vidas.

Tenemos que cambiar el tiempo verbal a la hora de plantearnos actuaciones políticas a nivel local, necesarias para detener las acciones humanas que provocan el cambio climático. Los políticos están -o estamos- acostumbrados a tomar decisiones políticas sobre temas que nos afectan o nos han afectado directamente, pero cuesta tomar acciones urgentes sobre temas que nos van a afectar o les van afectar a otros. Por ello el cambio climático supone un reto para toda la sociedad y no solo por lo que nos jugamos, la supervivencia del planeta, que sin duda es el reto más importante que tenemos como sociedad, sino por algo que requiere de un cambio de mentalidad y de modus operandi por parte de toda la sociedad y sus instituciones. ¿Seremos capaces de actuar ante un reto que no nos está afectando de forma directa, o al menos de hacerlo con la contundencia necesaria para estar a la altura de esta emergencia de carácter climático? Y aquí es cuando entra el miedo ante la incapacidad por parte de la clase política de actuar ante los problemas del futuro, cuando no somos capaces de solucionar los problemas del presente, a nivel nacional -el conflicto de Cataluña, el sostenimiento del sistema público de pensiones y la desigualdad social- o a nivel mundial -el Brexit, la guerra comercial, la pobreza o el alza de la extrema derecha-, y a nivel local el grave problema de dualidad que sufrimos en la ciudad, la limpieza, la gestión de los residuos, los macrodepósitos del puerto, el problema del alquiler, etc.

No nos queda otra: creer en la ciencia y en lo que nos dice que va a ocurrir para sacrificar nuestro actual modelo de sociedad y hacer una transformación con mirada ecológica en todos los ámbitos de nuestra vida. Por lo tanto no es cuestión de fe, tiene que ver con la razón.

El Ayuntamiento de Alicante se debe posicionar políticamente a la cabeza de la lucha contra el cambio climático en la ciudad, mediante una actitud que impregne todas las actuaciones que lleve a cabo. Tenemos que ser capaces de decirles a los jóvenes y vecinos y vecinas de nuestra tierra que el Ayuntamiento de Alicante lo está intentando de forma valiente y decidida. Quizá sea demasiado tarde, pero lo va intentar. Esta puede ser de las pocas oportunidades que tendrá este Ayuntamiento de limpiar su imagen ante la inacción e incapacidad, sobradamente demostrada, de hacer frente a los problemas que ha tenido y tiene esta ciudad.

Rafa Mas, Concejal de Compromís

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