Una de las funciones de los gestores municipales debería ser garantizar que los espacios públicos estén en condiciones de aprovechamiento por el conjunto de la sociedad. Sin embargo, es curioso que una gran parte de Ayuntamientos, en concreto el de Alicante, lo que intentan con los espacios públicos, es decir, con los espacios de todos y todas, es conseguir dinero y la manera más sencilla por no decir la única que se les ocurre es la privatización de dichos espacios. (da igual el color político)

Esta privatización va desde lo más sencillo y que suele pasar inadvertido, como son las terrazas que llenan nuestras calles e impiden el paso (por ejemplo en la calle Castaños) a situaciones algo más rebuscadas como la desaparición del pasaje Amérigo, que existía entre la calle Mayor y Rafael Altamira. Este bonito pasaje ha sido absorbido por un hotel de lujo, usado como terraza y cerrado al paso de quienes no somos clientes del hotel, es decir, le han dado a una empresa hotelera una calle pública, así sin que nos demos cuenta.

Hay más ejemplos y a cual más curioso. Recuerdo de niño pasear con mis padres y descansar en el Portal de Elx. Hoy día, eso es imposible si no dispones de dinero para pagar las consumiciones del bonito kiosko que ocupa el centro y que, como es normal, no dejan que te sientes si no consumes. El caso es que el bonito kiosko ocupa el 90% del precioso Portal, y el otro diez por ciento no tiene donde sentarse. Eso mismo ocurre en otro espacio privatizado en la plaza conocida como de las palomas, que así debería llamarse por cierto, en lugar de Calvo Sotelo. En dicha plaza, antes, había aseos públicos para que las personas pudiésemos hacer nuestras necesidades sin tener que ensuciar la calle o vernos obligados a ir a un establecimiento privado. Esos aseos públicos se cerraron, incluida una fuente para beber agua y con posterioridad, en su lugar se instaló otro bonito kiosko, cafetería o bar, ocupando un 20 % de la plaza de las palomas. Y así, poco a poco, lo que era un espacio público para el disfrute de la totalidad, se ha convertido en un espacio privado para disfrute de quien puede pagarlo, el resto, de pie a mirar las palomas.

Al final del paseo Joan Fuster, llegando al barranco de las ovejas, lo que era una calle sin salida, utilizada por dos cafeterías para poner sus terrazas, pero con un paso para poder aparcar o entrar en algún local, de la noche a la mañana ha sido cerrada con una cadena y una señal de prohibido el paso, quitándonos otra vez un espacio común para disfrute de algunos. Se supone que al menos pagarán al Ayuntamiento, aunque no sea vea reflejado en una reducción de los impuestos a aquellas personas que hemos perdido nuestro espacio público y un paso entre calles.

El ejemplo más dramático y además asumido por la sociedad se da en todas las calles de nuestra ciudad. ¿Qué les parecería si vienen de vacaciones unos familiares y en lugar de aparcar el coche en la calle, lo que dejan junto a la puerta de la casa es un sillón, la nevera y la lavadora? Seguro que no lo entenderían. Lo normal sería que dejase sus enseres en un guardamuebles. Sin embargo vemos con normalidad que en todas nuestras calles haya vehículos ocupando la calzada, en muchas ocasiones impidiendo o dificultando el paso de las personas, sobre todo si tienen un carrito o movilidad reducida. Lo normal también sería que hubiese aparcamientos en las afueras, no? Pero el coche, es el coche. Dueño y señor de nuestras calles. El Ayuntamiento de Alicante, en la semana de la movilidad reserva dos plazas de aparcamiento en la zona azul y pone unos bancos y maceteros, como reivindicando su uso para las personas, pero sólo es un día y dos plazas, el resto de días y de plazas en lugar de potenciar su rotación, incentivan la recaudación, permitiendo que no haya límite de horas de estacionamiento mientras se pague.

Nadie quiere que su calle sea peatonal hasta que lo es y puede disfrutar de la misma sin humos ni ruidos, salvo que la llenen de terrazas y sea peor el remedio que la enfermedad. Esos miles de coches que además de contaminar y mucho con CO2, también lo hace con su insoportable ruido, impidiendo el disfrute de nuestras ciudades, como por ejemplo en los conciertos en la Concha de la Explanada.

Por último, hay empresas privadas que intentan ocupar el espacio público para uso y beneficio propio. El Ayuntamiento ha dispuesto de unos pocos aparca-bicis repartidos por la ciudad. Una empresa de alquiler de patinetes eléctricos ocupó la gran mayoría de ellos, atando sus patinetes privados e impidiendo que los usuarios de la bicicleta puedan aparcar sin molestar a viandantes. Parece que tras la denuncia pertinente, el Ayuntamiento, en este caso, sí ha procedido a corregir la situación. Suponemos que en el resto de casos, al ser el mismo Ayuntamiento quien cede el espacio público para uso privado y por ello cobra, no tienen ninguna intención de revertir la situación. El PCPE lo tiene claro, lo público es de todas y de todos y por tanto se defiende y se devuelve a sus legítimos dueños, el pueblo trabajador.

Vicente Alcaraz/ @pcpe_alacant

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