Francisco Jesús García García

            En estos tiempos de política revuelta se ha puesto de moda entre los analistas la utilización del lenguaje de la teoría matemática de juegos para  describir la situación política y las distintas estrategias de los partidos o sus dirigentes. Así, es frecuente en las tertulias apelar al “juego del gallina”, el “dilema del prisionero”, el juego del “halcón o paloma”, la estrategia óptima del “toma y daca” o la “táctica del avestruz” o de “la martingala”.

            La pura verdad es que la teoría de juegos tiene ya aplicaciones célebres en inteligencia artificial, sociología, economía, estrategia militar, dirección de empresas, psicología, y sobre todo, biología. No se puede negar que la teoría es fecunda: lleva obtenidos media docena de premios Nobel en Economía, habiendo generado además toda una rama de la biología dedicada a examinar las estrategias evolutivamente estables de las especies. Ahora por lo visto también contribuye al análisis político, al menos suministrando una fuente inagotable de metáforas estratégicas.

            La estrategia del cuco

            Una de las más curiosas, en biología y en política, es la estrategia del cuco. Esta simpática ave migradora, además de anidar en los relojes de los salones de media Europa, tiene la particularidad  de poner sus huevos en los nidos de otras especies, liberando a los progenitores parásitos de los esfuerzos de construcción de nidos, empolle de huevos o cría de pollos, y permitiéndoles pasar más tiempo alimentándose y produciendo más descendencia.

            Como toda buena analogía, la estrategia del cuco genera espontáneamente fáciles asociaciones que, en política, ya han sido señaladas en distintas épocas. Se han citado con profusión, por ejemplo,  similitudes de la conducta parasitaria de los cuclillos con la historia política del Rey Abdicado o de Adolfo Suárez, alimentados en el nido tardofranquista, o de Ciudadanos, cuya militancia fue empollada por Rosa Díaz.

            Particular interés está teniendo el caso de Podemos, que viene ejerciendo en los últimos años de  huésped parasitado. Confluencias de los tipos más diversos adoptaron en 2015 y 2016 esa estrategia del cuco con la que obtuvieron notables réditos electorales. El caso más claro en la Comunitat Valenciana, pero no el único, fue sin duda alguna Compromís, que multiplicó desproporcionadamente sus escaños en el Congreso con los votos del partido morado, como ha quedado demostrado en las elecciones del 2019 a las que concurría en solitario.

            La estrategia pésima

            Pero más significativo todavía, en la medida en que los huevos del cuco todavía están en el nido, es el caso de las propias corrientes minoritarias de Podemos, las que salieron derrotadas en el Congreso de Vistalegre II. Bien sabido es que Iñigo Errejón acabó abandonando el nido, produciendo lo que clásicamente se denomina una escisión, aunque con dos particularidades muy notables.

            Una, que la escisión quedó formalmente circunscrita a la Comunidad de Madrid, no porque no hubiese simpatizantes de la maniobra divisoria fuera de esa Comunidad, si no porque el cálculo político lo desaconsejó debido al imprevisto adelanto de las elecciones generales de abril y la proximidad de las municipales y autonómicas. No deja de ser un misterio psicológico, solo achacable a cierto grado de cobardía política, que sectores que aplauden públicamente a Errejón y denostan a Pablo Iglesias, se mantengan, no obstante, dentro de Podemos sin mostrar aparentes signos de esquizofrenia.

            La segunda particularidad es que en Podemos, también por la misma causa, la dilatación del ciclo electoral, nunca se reconoció ni se debatió orgánicamente sobre esta escisión, sus causas, sus consecuencias, su extensión y su profiláctica.

            Decía Joseph Joubert allá por tiempos de Napoleón que “siempre es mejor debatir una cuestión sin zanjarla que zanjar una cuestión sin debatirla”. Desde luego, pero hay una estrategia política todavía peor:  ignorar la cuestión, sin debatirla ni zanjarla.

2 pensamientos sobre “Los huevos del cuco.

  1. Excelente análisis y ejemplo de lo que está pasando en Podemos,soy de los que piensan que tenemos que decir nombres y apellidos de esa gente que se está aprovechando del nombré de podemos y que son de la corriente anticapitalista o errejonista contraria a los ideales de podemos.

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