Los “padres helicóptero”

Partamos de la base que no tengo hijos, ni sobrinos, ni nada que me pueda hacer empatizar con unos padres. Quizás eso sea una ventaja porque veo ciertos comportamientos sin la subjetividad sentimental. Muchas veces, hablando con padres sobre la actitud hacía sus hijos, suelen contestar: “si fueras padre lo verías como yo”. Yo replico “y si tu no lo fueras, lo verías como yo”.

Evidentemente que cada uno es libre de educar a sus hijos como quiera. Acepto la frase pero no estoy de acuerdo con ella, ya lo explicaré otro día. Pero lo que no solemos ser conscientes es de la progresiva “imbecilidad” a la que estamos dirigiendo a generaciones futuras.

Padre helicóptero = hijo inútil

Los llamados “padres helicópteros”, presentes en la mayoría de los hogares, son padres que están tan pendiente de ellos, que no les dejan resolver problemas por si solos. Esto nos lleva a la inutilidad del hijo, cuando tenga que enfrentarse a un problema en el futuro. Sí, ya sé que la frase más repetida por estos padres es “ya aprenderá”, sí, pero ¿cuándo?

Por mi poca experiencia dando clases de ciclo indoor en institutos, me he dado cuenta que los adolescentes de hoy en día, van tres o cuatro velocidades por debajo de las que llevábamos nosotros a su edad. Son muy buenos chavales, muy nobles, pero les falta mucha iniciativa y picardía. Saben multiplicar pero no caen, que si no saben cuanto es 7 por 3, es tan sencillo como sumar 7 mas 7 mas 7.

Ejemplos que he visto. Explicarle a veinte adolescentes como se sube el manillar de una bici de ciclo. Una vez ajustado, decirle que hagan lo mismo con el sillín, y los veinte levantar la mano para preguntar como se hace. Ni uno solo de ellos, intentó aplicar el conocimiento recién adquirido con el manillar, para el sillín.

Otro ejemplo, y aquí no tienen ninguna culpa los chavales, lo vemos en la entrada y en la salida de los institutos. Los padres, tienen que detener el coche justo en la puerta para que entren. Se viven situaciones kafkianas como una cola de diez coches parando, uno a uno, al llegar justo a la puerta. Casi ningún alumno, aprovecho el tráfico detenido para bajar y caminar veinte metros hasta la puerta del centro escolar.

Otro caso en un viaje que me comentaron a Madrid. Los profesores dividieron el grupo en dos: unos acudirían al Museo del Prado y, los que no querían, se quedaban fuera, en un bar cercano, con otro profesor. Un niño, de los que no entró al museo, se despistó y se perdió. ¿Su reacción? parar a un señor por la calle, para pedirle su teléfono y llamar a su padre que, todo sea dicho, montó el pollo. ¿No hubiera sido más sencillo preguntarle a ese señor por el Museo del Prado? Sabes que tienes un grupo allí, y otro en el bar cercano.

“Es que es muy pequeño y ahora pasan muchas cosas”

Los padres suelen justificarse con estas actitudes con que los hijos son muy pequeños. Lo dicen sin rubor, y sin tener en cuenta que, hace unos años, estarían a punto de irse a la mili. Aunque, mi frase favorita es, “es que ahora pasan muchas cosas”. Eso sí, aun nadie me ha podido demostrar que cosas pasan ahora y antes no. Lo único, que ahora te enteras, y antes no.

Lo cierto, es que no nos damos cuenta que flaco favor le hacemos a nuestros hijos siendo tan protectores. Los estamos privando de unas herramientas vitales para su desarrollo personal futuro. Llegará un día, que los padres no estén y se tenga que tomar la dura decisión de si dejarlo solos en el mundo o, lo que yo creo que es la opción más recomendable, hacer como los egipcios: enterrar a los hijos vivos con los padres.

Lo que no solemos valorar al respecto, es que los adultos, no somos lo que somos por lo que hicieron nuestros padres por nosotros; lo somos por lo que nuestros padres nos enseñaron, por como aprendimos a resolver nuestros problemas y ser consecuente de nuestras decisiones.

En mi adolescencia, recuerdo cuando salíamos de marcha por la zona, nos volvíamos hasta la Playa de San Juan en taxi cuatro personas. Un sábado, un amigo y yo no encontramos a nadie más y, al no tener dinero para pagar el taxi entre los dos decidimos, de madrugada, volvernos caminando. No llamamos a nuestros padres porque sabíamos cual sería la respuesta

Por cierto, que este fenómeno sobreprotector, no es más que una consecuencia social de pasar de considerarlos un bien de lujo. No hay más que ver el desembolso económico que hacemos hoy en día con ellos incluso antes de nacer. Escandaloso, si lo comparamos con el que hacían nuestros padres con nosotros.

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