El síndrome del rey león.

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Hace ya muchos años, asistí a una charla sobre violencia de género, más o menos sobre 2005 cuando hacía pocos años que en España se comenzaban a contabilizar las muertes de mujeres por asesinato a manos de sus parejas o exparejas. Recuerdo que en la sala seríamos unos 15 hombres y unas 300 mujeres, imagínense el revuelo que se creó cuando el conferenciante comenzó diciendo que su intervención no iba dirigida a ninguna de las mujeres allí congregadas, sino a los hombres que habíamos acudido.

Aquello me resultó curioso porque en efecto toda la intervención del conferenciante se centró en la educación que habíamos recibido los hombres y las consecuencias que esa educación influía en nuestras relaciones con las mujeres. No voy a extenderme mucho sobre el contenido de la conferencia, por una cuestión de espacio en este medio.

LOS DATOS.

Desde el 1 de enero de 2003 llevamos un macabro registro donde se contabilizan oficialmente las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas y que a fecha de hoy ascienden a 1.003 desgraciadas e irreparables muertes.

Que se producen asesinatos es algo desgraciadamente innegable.

Que la violencia impera, y cada día más, en nuestra sociedad es algo igualmente innegable desgraciadamente.

Que tal y como leí a la investigadora Marta Iglesias Julios, los hombres agredimos más física y verbalmente frente a las mujeres que agreden de forma indirecta es otra realidad que forma parte de nuestras distintas formas de enfrentarnos ante un conflicto.

Que cuando se habla de agresión de hombres y de mujeres se refiere a agresiones en general, ya sea de hombres a otros hombres o mujeres; como las agresiones de mujeres a otras mujeres u hombres. Curiosamente las agresiones entre mujeres son mucho más frecuentes.

Con estos breves datos intento trasladar la idea de que ni los hombres en general somos unos monstruos que atacamos a las mujeres, ni las mujeres son seres angelicales que sufren en silencio.

Absolutamente todos sufrimos de una u otra forma una violencia sobre nuestra persona. Sin embargo con la LVG aprobada desde 2004 todos estos datos se tienden a tergiversar.

HETEROPATRIARCADO.

Desgraciadamente a diario se escuchan o se leen declaraciones generalizando la violencia de algunos hombres hacia las mujeres; mucho más grave, si cabe, es concentrarlo todo frente a la clasificación de “machista” o “machirulo”; es decir, bajo esta denominación se hace una especie de tortilla donde se unen conceptos totalmente distintos como el machismo en sí (que en efecto existe), los malos tratos, los homicidios, las pérdidas de control de los impulsos, las esquizofrenias, el alcoholismo, los arrebatos, los episodios de depresión, los episodios maníacos, la enajenación mental transitoria o las ideas religiosas, por nombrar solo algunos. Para acabar echando la culpa de todos nuestros males al “heteropatriarcado”. Algo que me causó un gran impacto fue leer en twitter a alguien, creo recordar que era un hombre, culpar a la RAE de “ponerse de lado” frente a un machista, homófobo o tránsfobo que recurriese al diccionario para ejercer discriminación o violencia, porque la RAE no incluyó la palabra heteropatriarcado en su última revisión del diccionario de la lengua. ¿Qué demonios tendrá que ver una cosa con la otra?. Pues así está el patio.

Lo cierto y verdad es que ningún gobierno ha sabido poner remedio a esta terrible lacra. Y la violencia no se elimina con ninguna Ley de Violencia de Género, las leyes solo son coercitivas. La verdadera solución está en la educación, en la formación del individuo. Y en esto sí que tiene mucho que decir el Estado a través de los planes de estudio y de campañas de sensibilización, información y concienciación. La LVG y las asociaciones creadas a la sombra de esta Ley, están demostrando ser absolutamente inoperantes, puesto que la cifra de asesinatos desde 2003 se ha mantenido en una media de 60 mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas, si bien es cierto que entre 2011 y 2015 esta cifra bajó y en los últimos años desde 2015 la desgraciada cifra ronda las 50 muertes anuales. Solo que se produjese UNA muerte sería motivo más que suficiente para iniciar una campaña estatal que erradique esta lacra social.

Solo un dato más, el Estado destina anualmente más de dos mil millones de euros de los presupuestos del Estado de forma directa o transferido a las CC.AA. para asociaciones creadas con el fin de trabajar para concienciar en este terreno y que los asesinatos sean solo un “mal recuerdo del pasado”. Claramente los resultados son nefastos.

Por último y que no sirva de consuelo a nadie, entre los 20 países donde se produce mayor nivel de violencia de género no está España y esta macabra lista la cierra un país tan influyente en el mundo como los EE.UU.

Adrián Ortuño / @vicentlau

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