Sonría: es gratis.

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Nos pasamos el día quejándonos. Como si fuésemos españoles. O lo que es peor: como si tuviésemos motivos para ello. Me refiero a quejarnos.

Cierto es que vivimos en un modelo de sociedad consumista en el que “nos han metido por los ojos” una serie de cosas con las que nos prometían hacernos la vida más sencilla: teléfonos moviles, internet, televisión por cable…Añada a eso la hipoteca (o alquiler) de la casa donde vivimos y/o el préstamo de ese coche, que es tan genial que, además de climatizador, tiene una cámara para cuando aparquemos lo hagamos bien.

Recordemos ahora cómo era todo hace no tanto tiempo.

El teléfono tenía un cable que iba a la pared y una rueda donde metíamos un dedo para marcar el número. Y había que marcar número a número, nada dígitos ni llamar poniendo el nombre de la persona a la que queríamos contactar.

Para poder hablar con el mundo no teníamos internet y, por supuesto, no sabíamos nada del guasap. Hacías una llamada local, provincial, nacional o internacional; normalmente en cabina para que la factura telefónica no viniese con sorpresa.

La casa se pagaba en cuatro o cinco años y el coche más moderno poseía la mejor cámara del mundo: el o la acompañante.

-“Baja y me dices si le doy al de atrás”.

-“Tira, tira, tira…sigue…más, más” (ruído de golpe). “¡Para buuuuuurro! No tan rápido, coño”.

Y el coche más moderno, la refrigeración que tenía era un ventilador de los que vendían los “negritos” (así se les llamaba a los manteros) que se conectaba al mechero del vehículo…o sencíllamente iba con pilas.

NOS HAN COMPLICADO LA VIDA.

Y resulta que lo que vino siendo una promesa de comodidad que ayudaría al hombre (y la mujer) del siglo XXI lo que ha hecho es convertirnos en esclavos. Esclavos económicos por las deudas, por lo que cuesta todo ahora. Y esclavos sociales por la necesidad que nos han inculcado en tener cosas sin las que éramos felices.

Pero piensen bien la respuesta: ¿cuántos de ustedes estarían dispuestos a renunciar a esos vicios que nos han inculcado tener?

YO NO SOY EL CULPABLE.

Y la gente, cuanto menos dinero tiene, más agobiada está. Y cuando uno se agobia termina pagándolo de una forma u otra con los demás.

Si va a un bar ha de saber que el establecimiento no está obligado a ponerle un chupito gratis después de la comida.

Si va a una farmacia debe saber que las personas que allí trabajan no tienen culpa si hay escasez de medicamentos.

Si va a una gasolinera ha de aprender que no es obligación del o la gasofa abrir y cerrar el tapón de su depósito: es cosa de la persona propietaria.

Si recibe a un repartidor del súper ha de entender que llega cansadísimo a su domicilio como para que le exija que le deje la compra medio metro más allá o más acá.

No, ningún operario, ni ellas, ni ellos, ni yo ni nadie es culpable de que ustedes estén “malfollaos“. Dicho de manera más fina: que esté agobiado porque nos han engañado.

Así que por favor, cuando ocurra alguna (u otra) de las situaciones descritas anteriormente haga lo que le gustaría que le hiciesen a usted: salude, sea correcto, sea amable, empatice. Y sonría. Sonreír es gratis y disimulamos si nos han “follao” bien, mal o regular. Créanme que se nota viendo algunas caras.

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