No creo en la remontada del Hércules.

ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo

Cuenta la historia que en el año 1858 una campesina de apenas 14 años y de nombre Bernadette Soubirous tuvo el privilegio de poder ver a la Vírgen en la localidad francesa de Lourdes. Desde ese momento, la zona se convirtió en lugar de peregrinaje y allí se construyó un santuario al cual asisten miles de personas cada año.

También cuenta la historia que la Iglesia ha reconocido actualmente unos 69 milagros más, aunque bien es sabido por el lector, creyente o ateo, que eso de que la Iglesia reconozca un milagro es porque antes han debido ocurrir muchas cosas más. Vamos, que es poco menos que imposible que dicha institución reconozca un milagro o una posesión diabólica.

DIABÓLICO PARTIDO.

Y es que el partido que enfrentó la pasada semana al Hércules y a la Ponferradina fue diabólico.

Los análisis del mismo ya están de sobra hechos por periodistas, comentaristas, agoreros, fans incondicionales y/o pelotas del “Mesías Ortiz”.

Con un 1-3 como resultado final de la primera contienda solo albergaría la esperanza del milagro si fuese contra un equipo local de la ciudad francesa. Que sí, que ellos tienen a su Vírgen pero nosotros seríamos los peregrinos y nos acompañaría la Santa Faz.

Pero no será así, y el equipo de Ponferrada demostró una soltura, un estilo táctico, un brío y un saber hacer las cosas que me hacen ser, no sé si pesimista o realista.

LAS APUESTAS.

Así pues, no esperen en mí, queridas herculanas y herculanos, esperanza alguna ni fé. Tampoco busquen ilusión. Si acaso, caridad.

Les diré que admiro a los 350 peregrinos herculanos que irán al Toralín en busca de una hazaña que poder contar a amigos, hermanos, hijos o madres. Les admiro porque honran a esta afición y a este club. Les admiro porque sabrán dar todo lo que tengan dentro.

En ocasiones dudo de mi ateísmo herculano temporal cuando leo a los ilustres Manolo Piera, Luis Hernández , Javier o Rafa Vega. Pero la duda es breve. Sin ir más lejos, he apostado con ellos que si se logra la remontada, iré al Rico Pérez el lunes a las siete de la mañana, les esperaré en la Puerta Cero y les invitaré a chocolate con churros. Eso es una apuesta.

En momentos de bajón recuerdo los tuits del jugador Juanjo Nieto preguntando si habría huevos (sic) a meter 15000 espectadores o llenar el Rico Pérez. Y los recuerdo con nostalgia.

CONFESIÓN.

Y así, entre pesimismo voraz, desilusión y mazazo tremendo sigue transcurriendo mi semana herculana.

Eso sí, les confesaré algo antes de dejar de aburrirles con mis líneas: jamás gané una apuesta.

Y lanzo una pregunta al señor Nieto: ¿a que no hay cojones a remontar y hacer feliz a una ciudad entera?

Estadio “El Toralín”.

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